Colección BNA – Marcelo Torreta
Comunidad / latente
En 1984 el escritor Italo Calvino fue invitado a dar seis charlas en los Estados Unidos. Su fe en el futuro de la literatura, dijo, consistía en saber que había cosas que solo esta, con sus medios específicos, podía dar. Calvino dedicó cada una de esas charlas a un valor, una cualidad o especificidad de la literatura que le era particularmente querida, intentando situarla en la perspectiva del mileno que se acercaba. Seis propuestas para el próximo milenio se llama el libro que recopiló esas conferencias.
Comparativamente, los seis elementos constitutivos de la imagen que más pondera Marcelo Torretta son el silencio, la distancia, la soledad, la imposibilidad, el absurdo y el vacío como escenario fundamental.
Nada en lo que pinta es evidente, quizá precisamente porque pinta lo que no es evidente, aquello que no termina de decodificarse. No es tanto que sus imágenes nos lleguen como restos de historias, de sociedades, de mundos que se han desintegrado o están hundiéndose en el tiempo, perdiendo sus rasgos, volviéndose objetos que tienden a la indiferencia, sino que están como a la espera de recibir ese soplo vital que los pondrá en movimiento, sacándolos del anonimato e integrándolos en la dinámica de un movimiento que todavía no se manifiesta. No son objetos que se estén apagando, sino que se están encendiendo. No son parte del fin de los relatos, sino de su principio. Son como el sueño de los relatos por venir. No sueños a ser interpretados, sino sueños que todavía no han sido relatados.
En ese tenso equilibrio entre lo que se pierde y lo que aparece, lo que vemos en estas pinturas, ¿no es además una imagen que se quiere atemporal, vaciada de elementos contextuales, distante del presente? Es la pintura atemporal del tiempo que nos ha tocado vivir.
Un cuchillo junto a un perro degollado, una cabeza reemplazada por otra, una que cae desprendida, o rueda; una capucha, personajes acéfalos, rostros desdibujados en la opacidad, trofeos de caza: la pregunta por los seres sin cabeza reverbera en varias de las telas de Torretta. Es como si en un mundo poblado de imágenes que nos observan sin cesar, asfixiándonos, Torretta quisiera recuperar algo del poder político más ancestral que hay en la acefalía: ¡decapitémoslas!
Como un narrador voyeurista, Torretta cuenta el misterio de la historia de la imagen. La historia del misterio la deja a libre interpretación del espectador.
Ezequiel Alemian









